jueves, 19 de mayo de 2011

Hiraoka Torres, ejemplar e ilustre familia huantina


Hiraoka - Torres
UNA ILUSTRE Y EJEMPLAR FAMILIA HUANTINA*

El Club Social Huanta en su 25º aniversario de fundación, rinde un justo y merecido homenaje a la Familia Hiraoka Torres, en forma póstuma a quien fuera nuestro Presidente Honorario Vitalicio, el patriarca Don Carlos Ch. Hiraoka, así mismo, en forma vivencial y muy especial a la Sra. Rosa Torres Galván Viuda de Hiraoka y a sus hijos, los señores Carlos, Vidal, Raúl, Guillermo, Luís, Jesús, Carmen y Martha Hiraoka Torres, expresándoles nuestro más infinito y sincero agradecimiento y reconocimiento por su generosidad y solidaridad sin límites, a favor de la comunidad huantina.

Hablar de generosidad, solidaridad y grandeza de espíritu, es hablar de quien en vida fuera Don Carlos Chiyoteru Hiraoka y de su señora esposa, Doña Rosa Torres Viuda de Hiraoka, dos célebres e ilustres huantinos, de corazón y de nacimiento, respectivamente, cuya historia de vida al servicio de los demás, debe servirnos de ejemplo y como punta de partida para replantear el verdadero sentido de nuestra existencia en este mundo.

Don Carlos Chiyoteru Hiraoka, un ser humano predestinado a trascender en el tiempo por sus actos de generosidad, nació en la provincia de. Kumamoto, Japón, el 1 de junio de 1914. Llegó al Peru por primera vez en el año 1933, gracias al llamado que le hiciera su hermano Luis Hiraoka quien, por aquel entonces, ya gozaba de las bondades propias que brindaba el país sudamericano. En 1934 -debido a razones familiares-tuvo que volver a su tierra natal, yen 1936, retorno al Perú por segunda vez, para quedarse en el para siempre.

Don Carlos era odontólogo de profesión, sin embargo, tenia un problema: no hablaba español, por 10 tanto, hasta 1937, tuvo que ganarse el sustento en diversos trabajos y oficios que se le presentaba. Fue en estas circunstancias, que en el ario 1938 llego a sus manos un aviso publicado en un periódico de la colonia japonesa por un paisano suyo, el próspero comerciante Don José Ishikawa, propietario de una cadena de tiendas en la ciudad de Ayacucho, donde solicitaba un empleado para una de ellas, Don Carlos, con el entusiasmo y la actitud que 10 caracterizaron durante toda su vida, se presento y fu contratado; posteriormente, en el año 1939, a los 25 años de edad fue promovido y enviado a la ciudad de HUANTA, como administrador de la nueva tienda que el señor Ishikawa había inaugurado en dicho lugar. Es de esa forma que Don Carlos llegó a conocer HUANTA, LA ESMERALDA DE LOS ANDES, gracias a la oportunidad laboral que la vida le puso en su camino y que él no dejó pasar, lugar que se convirtió en su nuevo hogar, su tierra adoptiva y donde dio inicio a su gran y exitosa historia familiar y comercial.

La actitud positiva frente a la vida, la sociabilidad, las ganas de vivir y la vocación de servicio, que siempre caracterizaron a Don Carlos, hicieron que este presente en todo momento de gran trascendencia y significación para HUANTA, su tierra adoptiva, adaptándose rápidamente a sus costumbres, su comida y sus tradiciones, aprendiendo a bailar huayno, a hablar español y algo de quechua, constantemente sella decir "yo soy japonés de nacimiento, pero huantino de corazón", ganándose la simpatía y el aprecio de toda la comunidad huantina, que 1o eligió su Alcalde en el año 1960 (durante el primer gobierno del Arq. Fernando Belaúnde Terry), cargo que desempeñó exitosa y satisfactoriamente, demostrando, con gran responsabilidad, una inquebrantable vocación de servicio, hacienda posible que se realicen obras de mucha importancia para el desarrollo y la prosperidad de la Provincia de Huanta.

A partir de 1959, en diversas oportunidades, Don Carlos ejerció el cargo de Presidente del Rotary Club de Huanta, así mismo fue destacado miembro del Club de Tiro Huanta, instituciones que sirvieron para congregar a los más connotados paisanos de la ciudad, donde se organizaban actividades sociales y deportivas, en un c1ima de amistad, para confraternidad y mucha camaradería.

Don Carlos, un filántropo por naturaleza, siempre se caracterizó por su espíritu jovial, su buen estado de humor y de ánimo; nunca denotó enfado ni mal humor, bajo ninguna circunstancia; tenia una actitud sui géneris frente a la vida, esa actitud y su forma de ser, permitieron que, a la vez, tenga una gran sensibilidad social y caridad sin límites para con las personas que lo rodeaban; no le importaba su condición social, ni económica, que sean legos o letrados, ignorantes o instruidos; para él todos una eran iguales, todos eran seres humanos, todos eran "su prójimo". Nunca se mantuvo ajeno a prestar ayuda y asistencia al necesitado, sin hacer ningún tipo de alarde ni pregón de sus actos generosos y solidarios.

Por otra parte, como reza el conocido refrán "JUNTO A UN GRAN HOMBRE, SIEMPRE HAY UNA GRAN MUJER". Don Carlos era muy amante del trabajo, es así que, gracias a él, en 1939 tuvo la oportunidad de conocer a una hermosa y distinguida dama llamada Rosa Torres Galván, nacida en Huanta el 29 de diciembre de 1920, hija de dos connotados ciudadanos huantinos: Don Melquiades Torres Girón y Doña Zoila Galván de Torres, quien ingreso a trabajar como Cajera de la casa comercial Ishikawa, que administraba Don Carlos destacándose, además de su belleza -que hacía mérito a la flor que llevaba por nombre-, por su responsabilidad, eficiencia, puntualidad, honradez y honestidad.

Cupido no se hizo esperar mucho, por cuanto, la unión entre Don Carlos y Doña Rosa se formalizó mediante el matrimonio celebrado el 18 de setiembre de 1941, que duró mas de 60 años, fruto del cual, nacieron en Huanta, sus 8 hijos: Carlos, Vidal, Raúl, Guillermo, Luís, Jesús, Carmen y Martha, todos formados y educados en el trabajo, la responsabilidad, la disciplina y el respeto a los demás, dentro de un marco de principios, valores y virtudes propios de una honorable y muy destacada familia huantina. Don Carlos quería mucho a Huanta, su tierra adoptiva, y se sentía muy agradecido y reconocido por haber sido recibido en ella con los brazos abiertos; permitiéndole sentirse como en su propia casa; por ello siempre solla decir: "tenemos que devolverle a Huanta 1o que nos ha dado",

Durante toda su vida conyugal, siempre estuvo acompañado y apoyado incondicionalmente par su señora esposa, por cuanto ambos compartían el mismo espíritu solidario y generoso para con el prójimo.

Además de las donaciones publicas ya conocidas, realizadas por Don Carlos y Doña Rosa, en la ciudad de Huanta: la piscina reglamentaria a favor del Colegio González Vigil (1969); la casona de 1,600.00 m2 a favor de la ciudad, donde funciona actualmente el Centro Cívico (1975); construcción de aulas y losas deportivas en la escuela San Ramón (donde estudiaron sus hijos), entre otras, en la ciudad de Lima: el inmueble para la sede del Club Social Huanta en el Distrito de Magdalena del Mar, la construcción de centros educativos en algunos pueblos jóvenes, la construcción del Jardín Japonés: la construcción del Policlínico Peruano -Japonés, entre otras; existieron actos netamente privados realizados por Don Carlos a favor de muchas personas humildes, en su gran mayoría ciudadanos huantinos, entre campesinos, estudiantes y profesionales recién egresados que permanecen en el anonimato, quienes guardan en sus corazones la eterna gratitud que todo ser humano le debe a quien les ha brindado ayuda en los momentos de necesidad más críticos de sus vidas, constituyendo este hecho una gran lección de vida que los ha marcado por siempre.

Posteriormente, una vez en Lima, desde 1964, además de su labor empresarial, ejerció diversos cargos de mucha importancia que le permitieron trabajar a favor de la comunidad peruana y japonesa, desplegando su vocación de servicio sin límites, por lo cual fue reconocido y condecorado en diversas oportunidades por autoridades locales, nacionales e incluso por el gobierno japonés.

Luego de una fructífera vida terrenal, durante la cual procuró el bienestar de todo aquel que se le cruzó en su camino, consciente de la brevedad de la existencia humana, y de que los bienes materiales sólo constituyen un medio para vivir, pero no el fin de la vida misma, en paz con Dios y con los hombres. Don Carlos partió de este mundo un 23 de marzo de 2004, a los 90 años de edad, dejando un gran legado y lección de vida a su familia y a todos aquellos quienes han tenido la oportunidad de conocerlo. Que Dios lo tenga en su gloria.

Poniendo en práctica, con sabiduría, las enseñanzas, consejos y la filosofía de vida impartidos por el patriarca, Carlos, Vidal, Raúl, Guillermo, Luís, Jesús, Carmen Y Martha Hiraoka Torres, con el mismo espíritu solidario, continúan por el camino trazado por su padre, ayudando, en la medida de lo posible, a quienes necesitan de asistencia.

*Autor de la nota: Dr. César Alex Girón Ruiz
(extraído de la Revista Huanta, Club Social Huanta. Abril de 2011)
25º Aniversario del Club Social Huanta y Homenaje a la Familia Hiraoka-Torres

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mañana comienzo a trabajar en esta gran empresa y espero ser de bendición y gran aporte para ello dando lo mejor de mi. Quiero crecer y ser mejor gracias Importaciones Hiraoka por esta oportunidad.

Jardín de Aplicación ISPPEI dijo...

Solo como aporte, Don Carlos Chiyoteru Hiraoka junto con otros migrantes nipones y Nonosuke Matushita (fundador de matushita electric o Panasonic" en 1979 construyeron el colegio Perú-Japón en Villa el salvador y el nuevo local del Jardín de la Infancia nº1 actualmente llamado Jardín de Aplicación del ISPPEI "Emilia Barccia Boniffatti" en el distrito de San Miguel en Lima, todo esto en el marco de las celebraciones de los 80 años de la inmigración japonesa al Perú.