miércoles, 12 de diciembre de 2012

Participación de Huanta, en la naciente República (Independencia del Perú y la guerra con Chile)


Este 9 de diciembre se conmemoró el 188 aniversario de la Batalla de Ayacucho, en la que se sellara la independencia del Perú, en las Pampas de la Quinua, denominada Ayacucho en aquel entonces, a raíz de la cual la intendencia de Huamanga, pasó a llamarse Ayacucho, en la nueva República.

Como huantinos nos sentimos orgullosos de nuestra tierra, sin embargo también es bueno rememorar nuestra historia, desde finales de la colonia y durante la naciente república, cómo ha sido la participación de aquellos ancestrales habitantes huantinos durante la época efervescente del proceso de emancipación e independencia, asimismo durante la guerra con Chile (ahora que también está en debate el tema de la delimitación marítima en la Haya (Holanda)).

La lucha por la independencia ocasionó una polarización política entre pueblos ayacuchanos, Huanta, Huamanga y Cangallo, enfrentándolos en enconadas luchas sobre todo en violentos conflictos entre los 2 grupos étnicos representativos: los blancos (criollos y mestizos) y los indígenas. Así entonces pareciera que los huantinos estuvieron en contra de la independencia del Perú. Sin embargo tratemos de visualizar desde un aspecto sociológico y antropológico y el contexto en la que se desarrollaron estos sucesos.

La rebelión de Túpac Amaru en 1780, generó que muchos campesinos huantinos fueran movilizadas hacia el Cusco para combatir a las tropas tupacamaristas como relata el historiador francés Patrick Husson, este episodio marcó el inicio de la agitación política y social en Huamanga, que culminaría al iniciarse la República con la sublevación de los campesinos huantinos.
Durante los años posteriores fueron sucediéndose una serie de sucesos: en 1805 los indígenas de Tiquihua (Huanta) se amotinaron contra el cura de su localidad, exigiendo la eliminación de los repartos mercantiles, en 1809 en Huamanga hubieron violentas manifestaciones de apoyo a la sublevación, en 1812 hubo un intento de sublevación en Cangallo, que fue combatido oportunamente por los españoles.

La sublevación de Mateo Pumacahua en 1814, generó el apoyo de los rebeldes huamanguinos (artesanos, pequeños comerciantes, vendedores) y de los morochucos cangallinos, para enfrentar a los a los españoles quienes reclutaban milicianos, consiguieron hacer huir a las autoridades españolas primero a Huanta y luego a Lima. Pero el Virrey Abascal envió refuerzos y contó con la colaboración del hacendado huantino Pedro José Lazón, aportando 500 hombres, se enfrentaron en los campos de Huamanguilla y Macachacra y en las cercanías de Huanta, los españoles lograron derrotar a los rebeldes y restablecieron la autoridad.

Estos hechos generaron una mayor tensión entre criollos, mestizos e indígenas. En el transcurso de esta sublevación, los campesinos de Huanta auxiliaron a los realistas, mientras que los “morochucos” de Cangallo optaron por combatir al lado de los rebeldes. Así, los pueblos del Norte de Huamanga polarizaban sus actitudes políticas: Huanta se volvía realista, mientras que Cangallo se convertía en patriota. Huamanga quedaba en una situación de ambigüedad.

En 1820, llega la Expedición Libertadora del Sur, el patriotismo revivió en Huamanga. San Martín envió una expedición a la Sierra Central bajo el mando de Antonio Álvarez de Arenales con el objetivo claro de aislar Lima, apoyados por los “morochucos” de Cangallo, entró a Huamanga el 31 de octubre de 1820, siendo apoyado por los sectores populares y proclamando la independencia en los primeros días de noviembre del mencionado año. Posteriormente, se dirigió a Huanta, donde también fue recibido por la población y de ahí partió a Jauja.

Sin embargo nuevamente a los pocos días las tropas realistas del General Mariano Ricafort ocupan militarmente Huamanga entre 1820 y 1824, restableciendo el orden colonial, además de reprimir duramente a los “morochucos” llegando a incendiar el pueblo de Cangallo.

Durante esos años, Huanta se mantuvo en calma y lealtad, no sufriendo represión alguna; al contrario, en 1821 fue recompensa-da por el virrey La Serna con el título de “Fiel e Invicta Villa de Huanta” más un escudo colonial . Por otro lado, Cangallo soportó los peores castigos por parte de los españoles: el pueblo fue nuevamente incendiado por Carratalá el 17 de diciembre de 1821 y los morochucos fueron duramente combatidos y perseguidos. Sin embargo no dejaron de hostilizar a los españoles, pese al apresamiento y ejecución de uno de sus principales líderes, Basilio Auqui, en 1822.

En Lima San Martín dejaba el gobierno, se convocaba a Bolívar para que ordenase el país e iniciase la campaña final. El libertador se instaló en Lima y desde ahí avanzó hacia el Sur, derrotando a los realistas en la llanura de Junín el 6 de agosto de 1824. A continuación, Bolívar viajó a Lima a reasumir el poder político y el ejército patriota bajo el mano de Antonio José de Sucre se dirigió al encuentro de los realistas. Por su parte, los españoles estaban comandados directamente por el virrey La Serna, quien venía de Cusco. Ambos ejércitos se divisaron en Andahuaylas y marcharon siguiendo el curso invertido del río Pampas. Llegaron a Quinua donde los realistas ocuparon el cerro Condorcunca y los patriotas, la llanura de Ayacucho.

Éstos sumaban 5,700 soldados y 1 cañón, mientras que los españoles sumaban 9,000 hombres y 11 cañones. La mañana del 9 de diciembre de 1824 se inició la batalla . En la tarde, los españoles habían sido derrotados y la batalla había culmina-do con el trágico saldo de 1,400 soldados realistas muertos contra 300 patriotas. La división peruana de La Mar persiguió a los dispersos intentando capturar a los últimos realistas. El Virrey firmó una capitulación que generosa-mente ofrecieron los patriotas. En ella se permitía que los españoles salgan del país llevándose sus fortunas.

En estos últimos tramos de la campaña final nuevamente se polarizó la intervención de los huamanguinos. Los campesinos huantinos se movilizaron al lado de las tropas realistas, mientras que los “morochucos” cangallinos apoyaron a los patriotas.

¿Por qué ocurrió esta polarización social y étnica durante las guerras de la independencia? ¿Por qué Huanta se inclinó más hacia el bando realista mientras que Cangallo se quedaba con los patriotas?, Para dar respuesta a estas preguntas hay que examinar la economía y la dinámica social de estos primeros años turbulentos de la etapa republicana.

Después de la batalla de Ayacucho, la ciudad de Huamanga cambió de nombre y pasó a llamarse Ayacucho, por Decreto de Bolívar del 15 de febrero de 1825 y en homenaje al lugar donde se realizó la batalla del 9 de diciembre de 1824. Además, la antigua Intendencia de Huamanga se convirtió en el Departamento de Ayacucho, dividido en 6 provincias con sus respectivas subprefecturas: Huanta, Huamanga, Cangallo, Andahuaylas, Parinacochas y Lucanas .

Después de la independencia y hasta mediados del siglo XIX (1850) la economía de Ayacucho dependió de la producción de las haciendas, de la ganadería y del comercio de tejidos y artesanías. Durante la República el departamento de Ayacucho cayó en una situación de enclaustramiento territorial, debido a que al interior de este espacio no se consolidó una especialización productiva e integración a los mercados, a diferencia de lo que sucedía con otros departamentos del país.

La mayor cantidad de haciendas se concentraba al Norte y en el centro del departamento: Huanta, Huamanga, Cangallo y Andahuaylas, distribuidas en diversos pisos ecológicos, especializándose en la producción de un determinado bien. Así, las haciendas de los valles de Huanta, Ayacucho y del Pampas, ubicadas en la región Quechua entre los 2,300 y 3,500 metros de altitud, se dedicaban al cultivo de trigo, maíz, azúcar, hortalizas y frutales. Éstas eran las propiedades más rentables, ya que podían producir varias veces al año al contar con irrigación proveniente de los ríos Huarpa, Cachi, Torobamba y Pampas.

Las haciendas ubicadas en las regiones Suni y Puna, por encima de los 4,000 m.s.n.m. producían papa, oca y mashua y se dedican a la ganadería. Son tierras de secano, irrigadas solamente con las lluvias y con presencia constante de pastos e ichu. Están también las haciendas del valle del río Apurímac, frecuentemente denominadas las “montañas” de Huanta y Anco”, entre los 500 y los 2,300 metros de altitud, destinadas al cultivo de la coca. Estos cocales también eran productivos y rentables: la coca es un arbusto cuya hoja se cosecha varias veces al año y es siempre solicitada en cualquier mina, hacienda o comunidad para el consumo de los trabajadores campesinos o los ritos andinos.

La producción era principalmente para el autoconsumo. El resto se enviaba para el comercio y abastecimiento de Ayacucho y de pueblos como Huanta, Cangallo o Lucanas. La excepción lo constituían el azúcar, la lana y la coca. El azúcar servía como insumo para la elaboración de aguardiente. La lana se enviaba a los telares y servía para la confección de telas y bayetas. La coca se comercializaba en Huancayo y Huancavelica. Estos eran los productos altamente comerciales.

Las haciendas eran propiedad de señores criollos. Pero, en Huanta y Anco los mestizos y campesinos eran también propietarios de tierras, especialmente de aquellas ubicadas en las “montañas” donde se cultivaba la coca. Estas anteriormente recibieron el nombre de “tierras realengas” porque eran propiedad de la Corona española en tanto nadie las había demandado. Sin embargo, a fines de la etapa colonial más de 700 españoles, mestizos e indios se habían apropiado de ellas. Frente a esta situación, a la Corona española no lo quedó otra alternativa que legalizar la “privatización” de estos terrenos, concediendo en 1816 la propiedad de las “tierras montañosas” a todos aquellos que la descubran y la exploten.

Como consecuencia de las guerras por la independencia buena parte de las haciendas se hallaban arruinadas y en crisis. Con las guerras por la independencia el comercio se perturbó. La presencia de las tropas realista y patriota en Junín y Ayacucho ocasionó la interrupción de las transacciones mercantiles entre Ayacucho, Huancayo, Lima y Cerro de Pasco. Con el comercio interrumpido, los mercados de consumo empezaron a solicitar bienes producidos en otros sitios: telas de Lima, coca de Huánuco, aguardiente de Ica, perjudicando seriamente a campesinos y mestizos productores de coca, artesanos tejedores y talabarteros de Ayacucho.

En 1876 en el departamento vivían 18,427 “blancos” (el 13% del total de la población), 102,827 campesinos andinos (el 72 %), 20,607 mestizos. La sociedad ayacuchana estaba, pues, compuesta por estos tres grupos étnicos y era muy estratificada. Los llamados “morochucos” campesinos de la provincia de Cangallo, quienes participaron activamente en las guerras de la independencia, se dedicaban a la ganadería y al comercio de carne y lanas.

La presencia de las fuerzas realistas en Huamanga y Cangallo ocasionaba perjuicios en su economía y autonomía. En efecto, los españoles, interesados en mantener el orden y reprimir a los patriotas, se apropiaban constantemente del ganado y sus recursos, deteriorando aún más la economía campesina que ya se encontraba fuertemente afectada. Además, exigían el pago de tributos y los campesinos ya no querían seguir pagando impuestos a la Corona. Por ello apoyaron a las tropas patriotas y en los primeros años de la República consiguieron la tan demandada exoneración tributaria y un reconocimiento adicional como “patriotas” de parte de los primeros gobiernos republicanos.

En 1825, durante el gobierno de Bolívar, los “iquichanos” se habían insubordinado al saquear las haciendas de la zona y apoderarse del diezmo o impuesto que consistía en el 10 % del valor de la producción agraria. Con este dinero se dedicaron a financiar la rebelión. Al año siguiente, los campesinos rebeldes proclamaron fidelidad al Rey de España, Fernando VII, y anunciaron la pronta restauración del gobierno es-pañol en el Perú.

La mañana del 12 de noviembre de 1827 dirigidos por un indio iletrado llamado Navala Huachaca con un número de 3 mil invadieron Huanta, reduciendo a más de 150 soldados patriotas e incendiando el Municipio. Días después, atacaron Ayacucho por Mollepata y Quebrada Honda, siendo batidos en las puertas de la ciudad por las fuerzas de resistencia comandadas por el prefecto Domingo Tristán y auxiliadas por numerosos morochucos de Huamanga y Cangallo. Inmediatamente después, el gobierno del presidente La Mar envió tropas a las alturas de Huanta para someter a los rebeldes.

Fueron siete meses de continuos enfrentamientos en los que las fuerzas represoras saquearon e incendiaron los pueblos comprometidos en la sublevación Sin embargo, la represión no ayudó en mucho, puesto que en 1830 nuevamente Huachaca fue visto en Huanta y Carhuahurán en actitud levantisca. Huachaca cobró fama por no haber sido sometido y su figura creció con los años, porque se alineó con Orbegoso y se incluyó en las luchas entre facciones republicanas. Cesó en su fidelidad al Rey, pero no dejó nunca de lado su actitud levantisca.

En los siguientes años, pese a haber sido derrotados, los campesinos de Huanta siguieron manteniendo la rebeldía, pero a favor de los caudillos que enarbolaban posturas liberales. En efecto, en 1834 tomaron partido a favor del presidente Luis José de Orbegoso en la guerra civil que sostenía contra las fuerzas del caudillo cuzqueño y líder militar de los conservadores, Agustín Gamarra. En alianza con los vecinos “notables” de Huanta, armaron un ejército de 4 mil individuos bajo la dirección del hacendado José Urbina, con el cual en marzo de 1834 ocuparon la ciudad de Ayacucho y derrotaron total-mente a las fuerzas de Gamarra, permitiendo que Orbegoso retornase a la Presidencia de la Republica. Posteriormente, entre 1836 y 1839, apoyaron al líder de la Confederación Perú-Boliviana Andrés de Santa Cruz (quien también era defensor de las ideas liberales) y combatieron nuevamente contra las fuerzas de Gamarra.

¿Por qué estos campesinos se levantaron contra la joven República entre 1826 y 1827? Como se señaló anteriormente, ellos participaban activamente de la producción y comercio de coca con Huancayo y Huancavelica, consiguiendo ventajas económicas y políticas, como la propiedad de las tierras donde se cultivaba la coca. Estas ventajas se perdieron con la ruina del comercio de la coca precisamente en los años de la independencia. Además de dirigir sus armas contra la joven República, estos “iquichanos” se negaron durante largos años a pagar la “contribución indígena” aduciendo que habian sido fuertemente perjudicados por las guerras de la independencia. Es más, durante la sublevación y en los años siguientes controlaron un “pseudo Estado” en las punas de Huanta; es decir, un micro Estado dentro del Estado peruano. Así, Huachaca se dedicó a la administración de los diezmos confiscados, a impartir justicia y a disponer de mano de obra para la refacción de puentes y caminos.

La llegada del dinero del guano ocasionó también la aparición de los caudillos provinciales o “gamonales” .En la norteña provincia de Huanta, los terratenientes, al sentirse desplazados por los aristócratas de Lima que se beneficiaban de los ingresos del guano, decidieron realizar alguna medidas para recuperar su prestigio de “aristócratas” provincianos y afianzar su poder político local. El guano había beneficiado sobre todo a la elite limeña; los provincianos buscaron una parte de los beneficios y se sublevaron apoyando a un líder conservador como Vivanco. Pero, la rebelión no era conservadora solamente, tenía también un contenido descentralista.

En 1856 la elite huantina estuvo contra el gobierno liberal y centralista de Castilla, y para hacerse oir, en una acción conjunta y sorpresiva, atacaron la pequeña guarnición militar de Huanta, elaborando un acta en la que reconocían la autoridad de Vivanco. Inmediatamente fueron vencidos por la división pacificadora del Centro, compuesta por 2,200 soldados y comandada por el general Pedro Diez Canseco. Tras ser derrotados por las fuerzas pacificadoras del gobierno, los gamonales huantinos no se quedaron tranquilos. Entonces empezaron a apropiarse de las tierras de la provincia, peleando entre ellos por un poco más de propiedad. Así, terminaron formando dos grupos de poder que buscaban monopolizar los puestos públicos y que se enfrentaron en auténticas guerras civiles provincianas entre 1860 y 1882, durante el período de elecciones o a propósito de algún pronunciamiento militar. Los líderes de ambas facciones fueron el gamonal Miguel Lazón, hacendado de Huayllay (Luricocha) y Arequipa (Acón), elegido como diputado civilista en 1876, y el abogado Salomé Arias, elegido diputado en 1870.

Al iniciar la década de 1870 las reservas de guano estaban agotadas y el dinero se había escurrido. El Perú ingresó a una etapa de apremio económico que alcanzó su punto máximo el 5 de abril de 1879 cuando Chile nos declara la guerra. Las primeras acciones se realizaron en el mar, frente a las costas de Atacama y lejos del territorio ayacuchano. Por tal motivo, para los ayacuchanos la guerra era un problema lejano.

Empero, cuando el ejército chileno empezó a ocupar territorio peruano, la guerra tocó las puertas del departamento. Ocupada Lima, el dictador Nicolás de Piérola estableció en Ayacucho en 1881 la Asamblea Nacional, donde fue ratificado como Presidente de la República. En dicho año –el ayacuchano- Andrés A. Cáceres también empezó a organizar la resistencia de la Breña, con el concurso de guerrilleros campesinos del valle del Mantaro, Huancavelica y Huanta.
Esto ocurrió precisamente en febrero de 1822, cuando Cáceres se trasladó a Ayacucho con sus tropas luego de enfrentarse con las fuerzas chilenas. Cáceres reorganizó sus tropas durante tres meses, luego de los cuales partió a la Sierra Central con 1,500 efectivos. Aquí derrotó a los chilenos en Marcavalle, Pucará y Concepción. Luego, decidió trasladarse a la Sierra Norte, donde fue derrotado en Huamachuco el 10 de julio de 1883.

De aquí se dirigió nuevamente hacia Ayacucho y Andahuaylas, para formar un nuevo ejército, siendo perseguido por las tropas chilenas comandadas por Martiniano Urriola. A su paso por Huanta, las tropas chilenas fue hostilizado por los hacendados y campesinos caceristas, dirigidos por el terrateniente Miguel Lazón. Los chilenos ingresaron a Ayacucho el 1 de octubre de 1883 sin encontrar oposición alguna. Se quedaron en la capital del departamento hasta el 12 de noviembre, cuando emprendieron la retirada hacia el norte ante la proximidad de las tropas caceristas de Andahuaylas. En su huida nuevamente fueron atacados por los campesinos huantinos.

La presencia de las tropas chilenas ocasionó la polarización de la sociedad ayacuchana y la reaparición de tensiones en cada uno de los grupos sociales existentes. Fueron los campesinos de Huancavelica y Huanta los que combatieron contra los invasores en alianza con un grupo de hacendados partidarios de Cáceres, mientras que los campesinos de Huamanga y Cangallo no opusieron resistencia a la entrada de los chilenos.

¿Por qué estas diferentes actitudes? Estos alineamientos parecen inversos a los de la Independencia, cuando Cangallo fue patriota y Huanta realista. En Huanta la alianza entre campesinos y hacendados pro-caceristas posibilitó que los primeros tuvieron poder político, participación en la vida pública y acceso garantizado a los recursos agrícolas que necesitaban para su subsistencia, no sólo durante los años del conflicto, sino también tiempo después, mientras los caceristas ocupasen el gobierno. De este modo pudieron ser movilizados para integrar las tropas de la resistencia y enfrentar a los chilenos. Esto no ocurrió en Huamanga, donde los campesinos, constantemente enfrentados con los terratenientes, no establecieron alianzas con éstos, prefiriendo mantenerse al margen del conflicto. Es más, inclusive desobedecieron las órdenes de las autoridades que les obligaban a participar de la defensa nacional. Además, en el grupo de los terratenientes aparecieron conductas diversas cuando las tropas chilenas ingresaban al territorio ayacuchano.

Los de Huanta se colocaron al frente de la resistencia porque eran partidarios de Cáceres. En cambio, los de Huamanga sólo apoyaron temporalmente a la resistencia por temor a la venganza de los campesinos que los veían como colaborado-res de los chilenos. En efecto, cuando aparecieron los invasores, prefirieron no resistir para así salvaguardar sus propiedades.

Terminada la guerra, la economía nacional se hallaba destruida. Empero, en Ayacucho las haciendas y los talleres artesanales continuaban produciendo, ya que no habían sido tocados por los invasores y podían comercializar sus productos con los departamentos vecinos (Junín e Ica) afectados por el conflicto. Esta situación benefició principalmente a hacendados y comerciantes de Huamanga y Cangallo hasta los últimos años del siglo XIX, cuando la economía peruana mostró los primeros indicios de recuperación. La guerra ocasionó también la aparición de un nuevo poder local.

Los hacendados mestizos que habían apoyado la resistencia ocuparon los principales cargos estatales, al verse beneficiados políticamente por el ascenso al poder de Cáceres y por tener por aliados a los campesinos. Esto ocurrió principalmente en Huanta, donde los seguidores de Lazón se convirtieron en los poderosos caudillos provincianos que manejaban el poder y perseguían a punta de bala a sus contrincantes políticos: Feliciano Urbina y los partidarios de Nicolás de Piérola. Así, en las elecciones de 1890 se desató el conflicto entre estos dos grupos de terratenientes. En el enfrentamiento, Miguel Lazón fue asesinado por los partidarios de Urbina. Entonces los campesinos aliados del primero ocuparon Huanta, asesinando a Urbina y a todos aquellos que habían sido acusados por el asesinato de Lazón. La hegemonía de los caceristas duró hasta 1895, el año de la derrota de Cáceres por la revolución encabezada por Piérola.

En estas circunstancias, los campesinos aliados con el líder cacerista Miguel Elías Lazón (hijo), atacaron Huanta, destituyendo y asesinando a las autoridades que habían sido nombradas por el gobierno de Piérola y protestando por el impuesto grabado a la sal. El gobierno de Piérola había introducido un nuevo impuesto que afectaba sobre todo a la población campesina y fue percibido como la reintroducción de la contribución indígena colonial. Producida la sublevación campesina, el gobierno envió una expedición pacificadora que reprimió duramente a Huanta y persiguió a los caceristas.

¿Por qué se levantaron los campesinos? Con el triunfo de Piérola los caceristas habían sido desplazados del poder; por tal motivo, los campesinos perdían a estratégicos aliados que les permitían tener poder y participar de las decisiones políticas de la provincia. Lo habían hecho desde 1883 y no estaban dispuestos a perder completamente su cuota de poder. Al iniciarse el siglo XX la economía ayacuchana ingresó en una situación de crisis ocasionada por la desarticulación del espacio regional y el agotamiento de la producción de las haciendas.

En efecto, al construirse las carreteras La Mejorada-Ayacucho en 1924 y Nazca-Puquio en 1926 se perdió definitivamente la unidad del territorio departamental. Las provincias de Lucanas y Parinacochas empezaron a relacionarse de manera más estrecha con Ica y el Norte de Arequipa, mientras que Huanta se vinculaba con Huancayo y el departamento de Junín. Las carreteras, lejos de conferirle unidad orgánica al departamento, lo desarticula-ron. La carretera más importante, la vía La Mejorada-Ayacucho, fue construida durante el oncenio de Leguía (1919-1930), contando con el trabajo de los campesinos, quienes fueron movilizados a través del sistema de la conscripción vial. La conscripción vial obligaba a los varones mayores de 18 años a trabajar en las carreteras; a cambio recibían un simple jornal. De este modo los campesinos concurrieron a las obras. Con el dinero ganado por su trabajo compraron los productos que llegaban a Ayacucho precisamente a través de las carreteras que construían. Así, los campesinos eran introducidos en una economía monetaria y animados a consumir en el mercado.

Los más perjudicados con la conscripción vial fueron los hacendados, porque se quedaron sin mano de obra para el trabajo de sus haciendas. Por ello, se convirtieron en los enemigos políticos de Leguía, oponiéndose a la reelección del presidente en 1924 y 1929 y posteriormente formando la sección departamental del Partido Aprista. Por el contrario, los campesinos aprovecharon la situación para relacionarse con el régimen de Leguía, dejando de lado la intermediación política que había sido ejercida por los terratenientes. Es más, en 1923 en la provincia de La Mar se sublevaron contra el principal terrateniente de la zona, Albino Añaños, el propietario de la hacienda Patibamba. Enardecidos y armados, llegaron a atacar la propiedad y derrotar a los defensores del hacendado. La situación sólo fue controlada por la presencia del Prefecto en el lugar y la intermediación ejercida por el Estado, que fue aceptada por los rebeldes.

Fuentes:
- http://www.cholonautas.edu.pe/PDF/Republica.pdf
- http://corrientehispanista.blogspot.com/2012/06/antonio-huachaca-y-la-resistencia.html
- http://hispanismo.org/hispanoamerica/8692-carta-los-espanoles-americanos-2.html
- http://lanic.utexas.edu/project/laoap/iep/ddt115.pdf
- http://hispanismo.org/hispanoamerica/801-los-ultimos-estandartes-del-rey-peru.html
- http://www.perupolitico.com/?p=139
- http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/publicaciones/antropologia/2001_n02/batalla_ayacucho.htm
- Huanta rural siglo xix.
*Fotos de Internet.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

te felicito ...muy facil de entender

Mic Micson dijo...

¿Cómo bolivia robó la tierra (Este y Sur) y el mar (Sur) de Perú? El mapa de Perú es variar demasiado y es la falta.

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https://caravelle.revues.org/1954

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